En la era de la IA, el trabajo sigue siendo repetitivo
Por Víctor Maymó, Regional Sales Manager Spain de Automaise

Encontramos la inteligencia artificial en las reuniones de dirección, en los planes de transformación digital y en prácticamente cualquier conversación sobre productividad. Sin embargo, cuando bajamos al terreno operativo, la realidad es menos revolucionaria de lo que a menudo se transmite.
La IA está acelerando determinadas actividades, pero en demasiados casos no está eliminando la complejidad que las rodea. Por eso, aunque su adopción continúa creciendo, su impacto en la productividad real sigue siendo menor de lo esperado. El problema ya no es lo que la tecnología puede hacer, sino la capacidad de las organizaciones para rediseñar procesos que fueron concebidos para una realidad muy diferente. Por ejemplo, un gestor de seguros puede automatizar parte de la tramitación de una reclamación, pero continúa revisando manualmente procesos heredados o un empleado de banca puede apoyarse en asistentes inteligentes para obtener información más rápido, aunque todavía dedica gran parte de su jornada a tareas administrativas y validaciones internas.
Varios estudios apuntan que el 80% de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en alguna medida, pero la mayoría todavía no la ha desplegado de forma estructural ni a gran escala. Las principales mejoras asociadas a la IA se están produciendo a nivel incremental, es decir, procesos algo más rápidos, respuestas más eficientes o una mejor gestión de determinadas tareas. Sin embargo, estos avances no se están traduciendo en una mejora clara de la productividad global ni en una reducción significativa de la carga de trabajo repetitivo.
En la práctica, la IA se ha incorporado como una capa adicional en los procesos, sin alterar de forma estructural cómo se organiza el trabajo. Como resultado, las tareas repetitivas, operativas y de bajo valor añadido continúan ocupando una parte central del trabajo diario.
Además, mantener a los equipos motivados y productivos se mantiene como uno de los principales desafíos para las entidades. Esta situación se debe a una diferencia creciente entre el nivel de adopción de la IA y su impacto real en las organizaciones. Aunque cada vez más empresas incorporan soluciones basadas en IA, su uso es en muchos casos parcial o limitado, lo que reduce su capacidad de transformación.
En este sentido, el desarrollo de sistemas más avanzados refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos donde la IA no solo asista, sino que asuma una parte más significativa de las operaciones. La cuestión ya no es si la inteligencia artificial transformará las empresas, porque eso ya está ocurriendo. La verdadera pregunta es qué organizaciones serán capaces de adaptarse a tiempo.
Mientras algunas están rediseñando procesos y construyendo nuevas formas de trabajar, otras siguen incorporando herramientas a modelos operativos que apenas han cambiado. Y es precisamente ahí donde se está creando la próxima gran brecha competitiva. No entre empresas que tienen IA y empresas que no la tienen, sino entre aquellas que están transformando su negocio gracias a ella y aquellas que todavía creen que la transformación llegará por sí sola.



