DestacadaInnovaciónLiderazgoRSCTecnología

La IA puede escribir código. La responsabilidad sigue siendo nuestra.

Por Daniel Martínez Poladura – IT Project Manager UTOPIA

Si hace apenas tres años alguien me hubiera dicho que una Inteligencia Artificial sería capaz de generar una aplicación en cuestión de minutos, probablemente me habría costado creerlo. Hoy esa realidad está encima de la mesa y, como profesional del sector que lleva más de veinte años dedicado a la gestión de proyectos IT coordinando equipos de desarrollo de software, reconozco que me sigue sorprendiendo casi a diario.

La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse. Negarlo sería tan absurdo como lo fue, en su momento, pensar que Internet era una moda pasajera o que las redes sociales no tenían futuro. La utilizamos cada día y forma parte de nuestro trabajo. De hecho, sería difícil imaginar una empresa de desarrollo que no aprovechara todo lo que estas herramientas pueden aportar.

Pero también creo que, entre tanto entusiasmo, se está transmitiendo una idea que merece una pequeña reflexión. Allá voy;

Últimamente escucho y leo con frecuencia mensajes del tipo “de tu idea a App, al instante”, o “genera apps funcionales en minutos» o «la IA sustituye a los programadores». Y, aunque entiendo el atractivo comercial que tienen esas afirmaciones, la realidad que veo cada día es bastante diferente.

En Utopía utilizamos la IA constantemente. Nos ayuda a redactar documentación, organizar información, generar casos de prueba, detectar posibles incidencias, resumir grandes cantidades de información o automatizar muchas tareas repetitivas que antes ocupaban horas de trabajo. Gracias a ello podemos dedicar mucho más tiempo a pensar, diseñar y resolver los problemas reales de nuestros clientes.

Para mí, ese es precisamente el lugar que debe ocupar la Inteligencia Artificial: el de una herramienta extraordinaria para aumentar nuestra productividad.

Lo que no comparto es la idea de delegar en ella la construcción completa de un producto software y no porque la tecnología no sea capaz de generar código, al contrario, cada día lo hace mejor.

El problema es otro, y es que desarrollar software no consiste únicamente en escribir líneas de código.

Desarrollar software consiste en entender cómo funciona una empresa, comprender sus procesos, analizar hacia dónde quiere crecer, diseñar una arquitectura sólida y tomar cientos de pequeñas decisiones que marcarán la diferencia cuando ese proyecto entre en producción.

Esas decisiones siguen siendo humanas.

En los últimos meses hemos empezado a recibir consultas de empresas que iniciaron sus desarrollos apoyándose casi exclusivamente en herramientas de generación automática de código. Muchas consiguieron avanzar muy deprisa durante las primeras semanas y las demostraciones iniciales eran realmente impactantes y prometedoras. Sin embargo, cuando llegó el momento de implantar el producto aparecieron los problemas.

Código difícil de mantener, lógica duplicada, arquitecturas poco consistentes, agujeros de seguridad, falta de una visión global del proyecto y, sobre todo, una enorme dificultad para que alguien pudiera asumir la responsabilidad de todo aquello.

No quiero decir con esto que la Inteligencia Artificial sea la culpable. Sería injusto.

La IA hace exactamente aquello para lo que ha sido diseñada. La responsabilidad es de quienes decidimos cómo utilizarla.

En Utopía Soluciones Informáticas llevamos desarrollando software a medida desde 2004 y, si algo hemos aprendido durante estos años, es que un cliente no contrata sus servicios porque sepamos escribir código más rápido que otros.

En nuestro caso, nos elige porque necesita confiar en que el software que ponemos en sus manos será estable, evolucionará con su negocio y tendrá detrás un equipo capaz de responder cuando surjan nuevos retos.

Por eso utilizamos la Inteligencia Artificial allí donde realmente aporta valor: agilizando tareas repetitivas, mejorando procesos internos y ayudándonos a ser más eficientes.

Pero cuando hablamos del software que un cliente nos confía, la responsabilidad sigue siendo completamente nuestra.

Las decisiones de arquitectura, la organización del proyecto, la revisión del código, pruebas funcionales tanto de rendimiento como de seguridad. Todo eso sigue pasando por personas.

Porque cuando un cliente decide desarrollar un software a medida, no está comprando un programa informático. Está construyendo una parte de su empresa. Ese software acabará gestionando clientes, procesos, ventas, producción o información crítica. Por eso no basta con que funcione el día de la entrega; tiene que seguir funcionando y evolucionando dentro de cinco o diez años. Esa es la responsabilidad que aceptamos cada vez que iniciamos un proyecto.

Además, hay otro aspecto que considero fundamental y que pocas veces aparece en este debate. Cuando una empresa invierte en desarrollar un software a medida, está creando un activo estratégico. Ese código pasa a formar parte del activo estratégico de su empresa y debe poder evolucionar durante muchos años.

Por eso creemos que el cliente merece recibir un software cuya arquitectura conocemos en profundidad, cuyas decisiones técnicas podemos explicar y del que podemos responsabilizarnos plenamente. La IA puede ayudarnos durante el proceso, pero el producto final siempre debe estar respaldado por el conocimiento, la experiencia y el criterio de quienes lo han construido.

Después de más de dos décadas desarrollando software he aprendido que los proyectos realmente importantes no son los que se terminan antes, sino los que siguen funcionando cinco o diez años después y continúan creciendo al ritmo que necesita la empresa.

Estoy convencido de que dentro de unos años utilizaremos herramientas de Inteligencia Artificial mucho más avanzadas que las actuales. Nosotros también las utilizaremos, como hemos hecho siempre con cualquier tecnología que aporte valor.

Pero hay algo que espero que nunca cambie; que detrás de cada proyecto siga habiendo personas capaces de levantar la mano y decir «Sí. Este software lo conocemos. Sabemos cómo está construido. Confiamos en él. Y respondemos por él.»

Y quizá por eso esta reflexión tiene sentido más allá de la tecnología.

Muchas veces me preguntan qué significa realmente ser una empresa responsable. Para mí no consiste únicamente en entregar un buen trabajo o cumplir con los clientes. Eso es nuestra obligación. La responsabilidad también implica intentar que aquello que hacemos tenga un impacto positivo fuera de nuestra oficina.

Este año, nuevamente hemos querido aportar nuestro pequeño granito de arena colaborando con la iniciativa solidaria Steam Basket Camp  impulsada por Jointalent, becando a dos niñas para que puedan participar durante una semana en un campus de baloncesto. Pero lo verdaderamente importante no es el campus en sí. 

Lo importante es que toda la recaudación obtenida se destinará a la Fundación San Patricio y la Fundación Escuelas Ideo, que trabaja para que niñas de Turkana puedan acceder a una educación que, de otro modo, probablemente nunca tendrían. Una oportunidad para estudiar, para decidir su propio futuro y para romper un destino que, en demasiadas ocasiones, parece escrito desde el día en que nacen.

Cuando pienso en ello, encuentro un paralelismo que va mucho más allá de la tecnología.

Durante todo el artículo he defendido una idea muy sencilla: la Inteligencia Artificial puede ayudarnos a trabajar mejor, pero nunca puede sustituir nuestra responsabilidad.

Creo que esa misma filosofía debería aplicarse también a las empresas.

No basta con desarrollar buenos productos o prestar un buen servicio. También tenemos la responsabilidad de contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a construir una sociedad un poco mejor.

Por eso iniciativas como esta tienen tanto valor para nosotros. Porque nos recuerdan que el verdadero impacto no siempre está en el software que desarrollamos, sino en las oportunidades que, entre todos, somos capaces de generar para otras personas.

Al fin y al cabo, tanto la tecnología como la educación tienen algo en común: por sí solas son solo herramientas. Lo que realmente cambia el futuro de las personas es el uso responsable que hacemos de ellas.

Llevo más de veinte años convencido de que la mejor tecnología es la que mejora la vida de las personas.

Y esa sigue siendo la filosofía con la que afronto cada proyecto… y también cada oportunidad de colaborar en iniciativas como esta.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Botón volver arriba