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 Sin talento no hay chips: por qué Europa necesita Centros de Competencias.

Por Alfonso Gabarrón, director de MicroNanoSpain.

 Europa quiere fabricar más chips. Conocemos los objetivos del continente: reducir su dependencia tecnológica, reforzar su competitividad industrial y alcanzar el 20% de la producción mundial de semiconductores antes de 2030. Y también sabemos que, para lograrlo, se están movilizando millones de euros en inversiones, nuevas infraestructuras y programas de apoyo a la industria.

Sin embargo, existe una pregunta que debemos plantearnos: ¿Quién va a diseñar, fabricar, mantener y operar toda esa capacidad tecnológica?

La respuesta es sencilla: las personas. Y precisamente ahí se encuentra uno de los mayores desafíos para el futuro de la industria europea de los semiconductores.

Las previsiones apuntan a que Europa podría enfrentarse a un déficit de hasta 65.000 especialistas antes de que termine la década. No se trata únicamente de ingenieros altamente cualificados, el sector necesita también técnicos especializados, operadores de equipos y expertos en metrología, mantenimiento y fabricación. Perfiles imprescindibles para que una industria estratégica pueda crecer al ritmo que exige el mercado.

La cuestión es que el reto no consiste únicamente en formar más profesionales. También debemos ser capaces de conectar mejor a las empresas con los centros educativos, a los emprendedores con las infraestructuras tecnológicas y a la investigación con la industria. En definitiva, necesitamos construir ecosistemas más coordinados y eficientes.

Es precisamente en este punto donde los Centros de Competencias adquieren una gran relevancia.

Con frecuencia se habla de la importancia de las fábricas, de los laboratorios o de los grandes programas de financiación. Todos ellos son elementos fundamentales, pero para que funcionen de forma eficaz es necesario que exista una estructura capaz de conectar recursos y talento. De lo contrario, corremos el riesgo de disponer de capacidades que no llegan a quienes realmente las necesitan.

Los Centros de Competencias trabajan para cubrir esa necesidad. Su función es actuar como punto de encuentro entre empresas, centros tecnológicos, universidades, entidades formativas y administraciones públicas. Son herramientas diseñadas para facilitar el acceso a infraestructuras especializadas, impulsar la transferencia tecnológica y ayudar a que el talento encuentre oportunidades dentro del sector.

Un ejemplo reciente de esta labor ha sido la colaboración de MicroNanoSpain con la Fundació Barcelona FP en el estudio El sector de los semiconductores en los estudios de FP. El informe pone de manifiesto una realidad que la industria lleva tiempo señalando: existe una creciente demanda de perfiles técnicos especializados y una necesidad urgente de reforzar la conexión entre la formación y las necesidades reales de las empresas.

La Formación Profesional puede desempeñar un papel fundamental para reducir esta brecha. Pero para ello es imprescindible que exista un diálogo permanente entre quienes forman a los futuros profesionales y quienes los van a contratar. En este caso, la función del Centro de Competencias, es actuar como puente, identificando necesidades, impulsando programas especializados y acercando las oportunidades de una industria que todavía resulta desconocida para muchos jóvenes.

La carrera tecnológica global no se ganará únicamente con inversiones o infraestructuras. Se ganará siendo capaces de construir ecosistemas donde la innovación y el conocimiento circulen con rapidez. Europa necesita más chips. Pero, sobre todo, necesita las capacidades necesarias para hacerlos posibles. Y en ese desafío, los centros de competencias están llamados a desempeñar un papel decisivo.

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