Empleo y TalentoMercado Laboral

España registra en 2025 el mayor nivel de envejecimiento de su historia: el índice alcanza el 148%.

En el año 2025 las cifras de envejecimiento en nuestro país han vuelto a sorprender al alza, experimentando el mayor crecimiento de toda la serie histórica, de 5,7 puntos porcentuales. Así, y según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el pasado año se registró un nuevo máximo histórico de envejecimiento, del 148% o, lo que es lo mismo, en nuestro país ya se contabilizan 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16 (en 2024 la cifra alcanzó el 142,3%).

En este contexto, y en el marco del compromiso social de The Adecco Group, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco presenta el análisis Envejecimiento y edadismo laboral, bajo la convicción de que el envejecimiento demográfico se ha convertido en un factor determinante para el futuro del mercado de trabajo. Por ello, resulta esencial impulsar la incorporación y permanencia del talento sénior, una condición indispensable para asegurar la capacidad y resiliencia del tejido productivo a medio y largo plazo.

Estas son las principales conclusiones del análisis:

·       La cifra ha experimentado un crecimiento de 5,7 puntos porcentuales con respecto a 2024 (142,3%). Este incremento marca el mayor crecimiento registrado en toda la serie histórica.

·       Por comunidades autónomas vuelven a liderar el ranking de envejecimiento Asturias (265,2%), Galicia (231,6%) y Castilla y León (230,7%). Estas tres comunidades cuentan con más del doble de población mayor de 64 años que menor de 16, mientras que solo Ceuta (74,4%) y Melilla (60,4%) registran índices inferiores al 100%, es decir, aún presentan mayor proporción de personas jóvenes.

·       España afronta una paradoja estructural: mientras la población envejece y la fuerza laboral es cada vez más sénior, el mercado de trabajo continúa desaprovechando a los profesionales mayores de 45 años y perpetuando barreras que limitan su empleabilidad. Así, el paro de larga duración afecta al 34% de las personas desempleadas en nuestro país, una cifra que se eleva hasta el 48,5% en el caso de las personas mayores de 45 años, y que sigue incrementándose progresivamente con la edad.

·       “El índice de envejecimiento no deja de crecer y esta realidad demográfica coloca a nuestro país ante un desafío estructural que no admite más demoras; en este contexto, el edadismo laboral se revela como un fenómeno obsoleto y como un profundo contrasentido. España no puede permitirse prescindir de la experiencia y la capacidad productiva de millones de profesionales mayores de 45 años”, destaca Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y de sostenibilidad de The Adecco Group.

·       La apuesta por el talento sénior es clave para paliar la falta de relevo generacional y la escasez de talento, y además deberá complementarse con la activación de personas que podrían trabajar pero que permanecen inactivas -por ejemplo, personas con discapacidad´-, con políticas de migraciones orientadas explícitamente al empleo, así como el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial como palanca para automatizar tareas repetitivas, reducir errores y liberar horas para actividades de mayor valor

2026- En el año 2025 las cifras de envejecimiento en nuestro país han vuelto a sorprender al alza, experimentando el mayor crecimiento de toda la serie histórica, de 5,7 puntos porcentuales. Así, y según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, el pasado año se registró un nuevo máximo histórico de envejecimiento, del 148% o, lo que es lo mismo, en nuestro país ya se contabilizan 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16 (en 2024 la cifra alcanzó el 142,3%).
En este contexto, y en el marco del compromiso social de The Adecco Group, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco presenta el análisis Envejecimiento y edadismo
laboral, bajo la convicción de que el envejecimiento demográfico se ha convertido en un factor determinante para el futuro del mercado de trabajo. Por ello, resulta esencial impulsar la incorporación y
permanencia del talento sénior, una condición indispensable para asegurar la capacidad y resiliencia del
tejido productivo a medio y largo plazo.
La población sénior crece sin freno
La evolución del índice de envejecimiento en España muestra una tendencia sostenida al alza que, año
tras año, marca un nuevo máximo histórico. Una progresión que, además, se está acelerando: solo en el
último ejercicio el indicador ha aumentado un 4% (5,7 puntos porcentuales), el mayor crecimiento
registrado hasta la fecha y que sitúa la cifra en un 148% (148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16). Detrás de esta realidad se combinan diferentes factores, especialmente, una
natalidad persistentemente baja y una esperanza de vida en aumento, que configuran un escenario
demográfico cada vez más desequilibrado.
Contrasta la cifra actual (148%) con la de finales del siglo XX (en 1999 se registró un índice de
envejecimiento del 99,8%). En aquel momento nuestro país presentaba prácticamente la misma
proporción de personas mayores de 64 años, que menores de 16. Es a partir del año 2000 cuando
España se convierte en un país envejecido, con una tasa de envejecimiento que supera el 100% (103,3%)
y que aumenta velozmente cada año, si bien es cierto que entre 2003 y 2009 el índice de envejecimiento
experimentó cierta contención, probablemente debido al impacto de los flujos migratorios, que
incrementaron de forma significativa la población joven. Sin embargo y, desde entonces, el
envejecimiento no ha dejado de incrementarse, haciéndose especialmente evidente a partir de 2010. Si
se compara la cifra de hoy con la de hace cinco años, resulta llamativo que el dato actual es 22,2 puntos
superior que entonces (en 2020 el envejecimiento alcanzó un 125,8%). En otras palabras, el índice de
envejecimiento se ha disparado un 18% en el último lustro.
Este fenómeno no solo redefine la pirámide poblacional, sino que plantea implicaciones para el mercado
laboral, que deberá afrontar una reducción de la población activa (faltará relevo generacional) y una
presión creciente sobre la disponibilidad de talento. Asturias, Galicia y Castilla y León vuelven a liderar el ranking de envejecimiento.

Por comunidades autónomas, vuelve a liderar el ranking de envejecimiento Asturias, con un índice de
envejecimiento del 265,3% (265 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16), seguida de Galicia
(231,6%) y Castilla y León (230,7%). Estas tres comunidades ya presentan más del doble de población
mayor 64 años que menor de 16 años. En el otro extremo, Ceuta (74,5%) y Melilla (60,4%) son las
únicas que resisten con índices aún por debajo de 100%, registrando -todavía- una mayor proporción de
jóvenes.
Por su parte, Murcia, que hasta el pasado año era una región joven, ha pasado en 2025 a alinearse con
la tendencia demográfica nacional, registrando por primera vez una mayor proporción de población mayor de 64 años que menor de 16 -con un índice del 102,7%-.

La apuesta por el talento sénior podría reducir en un 30,4% la brecha de relevo generacional en España
España afronta una paradoja estructural: mientras la población envejece y la fuerza laboral es cada vez
más sénior, el mercado de trabajo continúa desaprovechando a los profesionales mayores de 45 años y
perpetuando barreras que limitan su empleabilidad. Esta incoherencia se traduce en que, pese a ser un
segmento de la población imprescindible para sostener la actividad económica, algunos profesionales
mayores de 45 años quedan excluidos de los procesos de selección o pierden su empleo sin lograr
reengancharse al mercado laboral, debido a prejuicios y estereotipos que vinculan a “los sénior” con
obsolescencia profesional, menor dinamismo o exigencias salariales superiores. Todo ello dispara
las reticencias de los empleadores a la hora de incorporarles a los equipos de trabajo. Como
consecuencia, el desempleo en estas edades tiende a cronificarse y, en numerosos casos, se convierte
en un puente precario hacia la jubilación, desaprovechando experiencia, talento y capacidad productiva.
Así, el paro de larga duración afecta al 34% de las personas desempleadas en nuestro país, una
cifra que se eleva hasta el 48,5% en el caso de las personas mayores de 45 años, y que sigue
incrementándose progresivamente con la edad.

Por otra parte, y según el análisis Relevo generacional y talento sénior, desarrollado por el Observatorio
de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco el pasado verano, actualmente, en España hay
4.831.209 personas entre 6 y 15 años que, en la próxima década, alcanzarán la edad legal para
incorporarse al mercado laboral. Si aplicamos la tasa de actividad del 37,8% registrada en la Encuesta de
Población Activa (EPA) para los menores de 25 años, podemos estimar que solo 1.826.197 de estos
jóvenes pasarán a formar parte de la población activa en los próximos diez años. Esta cifra contrasta de
forma significativa con las 5.318.600 personas de 55 años o más que abandonarán la actividad laboral en
ese mismo periodo, según los datos actuales de población activa. En otras palabras, por cada tres
personas que se jubilan, solo una se incorpora al mercado laboral, lo que evidencia un llamativo
desequilibrio en el relevo generacional.
En suma, la diferencia entre las 5,3 millones de personas de 55 años o más que dejarán de trabajar
y los 1,8 millones de jóvenes que previsiblemente se incorporarán a la población activa en la
próxima década, se traduce en una brecha de relevo generacional de aproximadamente 3,5
millones de personas.
“España se adentra en una nueva realidad demográfica que desafía la competitividad empresarial y la
sostenibilidad del Estado del Bienestar. El índice de envejecimiento no deja de crecer y esta realidad
demográfica coloca a nuestro país ante un desafío estructural que no admite más demoras; en este
contexto, el edadismo se revela como un fenómeno obsoleto y como un profundo contrasentido. España
no puede permitirse prescindir de la experiencia y la capacidad productiva de millones de profesionales
mayores de 45 años. De hecho, si todas las personas mayores de 45 años que actualmente se
encuentran en situación de desempleo empezaran a trabajar (actualmente, 1.061.100), la brecha de
talento derivada de la falta de relevo generacional podría reducirse en un 30,4%. Esta situación -el pleno
empleo de los mayores de 45 años- es evidentemente utópica en términos absolutos, pero pone de
manifiesto el enorme potencial desaprovechado y sugiere que la activación del talento sénior constituye
una de las palancas más inmediatas y efectivas para sostener nuestra estructura productiva”, explica
Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y director de sostenibilidad de The
Adecco Group.
En la misma línea añade que: “La modernización de España pasa, sin duda, por integrar plenamente a las
personas sénior en el mercado laboral, a través de políticas activas que favorezcan su empleabilidad, y de
estrategias de Diversidad, Equidad e Inclusión orientadas a erradicar el edadismo y a combatir de
manera definitiva los sesgos de edad. Las organizaciones que sepan aprovechar la experiencia, el
conocimiento y la capacidad de adaptación de los profesionales sénior estarán mejor preparadas para
afrontar los retos de competitividad, productividad y transformación que exige el contexto actual. Apostar
por el talento sénior no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino una decisión estratégica para
garantizar la sostenibilidad del tejido empresarial y del propio mercado laboral en el largo plazo”.

Además, para mitigar las consecuencias de la falta de relevo generacional, la apuesta por el talento sénior
deberá ir acompañada de un enfoque integral que combine la activación de personas con capacidad
para trabajar que actualmente permanecen inactivas -como, por ejemplo, las personas con
discapacidad-, el desarrollo de políticas migratorias claramente orientadas al empleo, capaces de
atraer y retener aquellos perfiles que el mercado interno no logra cubrir, así como el
aprovechamiento de la Inteligencia Artificial como una palanca clave para automatizar tareas
repetitivas, reducir errores y liberar tiempo y recursos que puedan destinarse a actividades de mayor valor
añadido.

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